Te conocí despacio, así como se quita la ropa después de la vejez,
desnuda en medio del cuarto sudoroso, así te sigo con la llama de la vela,
dejando caer cada gota de esperma en cada espacio que dejas en tu cuerpo sin rasurar.
Lánguidamente hago que todos los seres animalescos en la pensión se den cuenta que estás en la cama; mientras el asombro de los comensales me delaten.
ahora la soga se afloja lentamente y tus impulsos de bestia herida me deja en satisfacción.
Con mi legua y la tuya después de todos los años de renacer en ti.
Por eso cada minuto hace que te despidas de los mortales labriegos,
para despertar nuevamente,
mañana sin ropa de alcancía. Bartolomé Cavallo